#Resonancias

“La escritura: la escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida”. – Marguerite Duras

Hay momentos para escuchar, leer y empaparnos de nuestros manantiales de creatividad. Momentos para aprender de otros y con otros. Pero también hay instantes donde somos protagonistas. Somos los artesanos de las palabras, y dejamos que ellas, todas ellas, se apoderen de nosotros y viajen del lápiz al papel.

Resonancias. Un espacio para compartir textos y creaciones de quienes forman parte de esta comunidad: Crisálida.

Sé, parar-se

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Que pare.

Tanto odio, tanta violencia, tanto miedo.

Que paren, de pelearse, de alejarse, alienarse y separarse.

Si somos todos uno, sentimos igual que el otro.

El de al lado, el del frente, el de arriba, el de atrás.

Que avance.

Amor, más amor.

Entender, acariciar, abrazar, sonreír… amar.

Que avancen, esos pasos hacia lo que tememos tanto.

Que avancen hasta entrelazarse, hasta que ya no se diferencie uno del otro.

Avanzar, hacia una visión mejor.

Avanzar, elevar.

Que avancen, los que se creen opuestos.

Que avancen y se abracen para darse cuenta de lo similares y parecidos son.

Puestos uno frente al otro, mirarse profundamente.

Mantener esa línea  y conexión de la mirada para ver el alma.

Ó-puestos de espaldas, cerrando los ojos y palma con palma, sentir.

Sentir y no sentir cuando termina una mano y empieza la otra.

Que pare, que avance.

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Para acompañar este poema-canción: https://www.youtube.com/watch?v=ptvumTzOE3g


Autora: Valeria Misty Luna. Para comunicarte con ella, podés hacerlo escribiéndole a: luna.valeriaandrea@gmail.com

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#Resonancias

“La escritura: la escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida”. – Marguerite Duras

Hay momentos para escuchar, leer y empaparnos de nuestros manantiales de creatividad. Momentos para aprender de otros y con otros. Pero también hay instantes donde somos protagonistas. Somos los artesanos de las palabras, y dejamos que ellas, todas ellas, se apoderen de nosotros y viajen del lápiz al papel.

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AC5

“Si pudieses despejar todo ese espacio que ocupas en tu mente por obsesionarte con esa persona, tendrías una puerta y ¿sabes que haría el universo al verla? Colarse. Se colaría y te llenaría del amor que jamás hayas podido conocer”. (Elizabeth Gilbert, en Comer Rezar Amar).

Todos los días su mente estaba ocupada en pensamientos destinados a ella, ese amor platónico que invade su cuerpo hace tiempo. Ese amor que, como un terremoto, genera temblores en su ser cada vez que recuerda su bello rostro. Cada vez que se levanta y observa por la ventana, su mirada se dirige hacia el castillo de la familia real donde vive su amor secreto, donde vive la princesa del reino. Existen amplias diferencias entre ellos, él es un simple plebeyo. Y ella todo lo contrario, una princesa que brilla como el sol y su vestido es del color de la luna. Sus cabellos serpentean al viento, hipnotizando a cualquiera que se atreva a contemplar su delicado movimiento. Su imaginación lo lleva a fantasear con la idea de ser su esposo, la idea de vivir una existencia llena de plenitud, de disfrutar de las mieles del castillo.

Pero lo material era secundario, él solo quería que la bella princesa sea su esposa y envejecer hasta que el cielo deje de brillar, de vivir una infinidad de existencias a su lado. Se desempeñaba como pintor y en sus ratos libres tocaba el violín. Todas sus pinturas eran exhibidas en el museo de la familia real y había un día al mes en donde el rey, la reina y la princesa se deleitaban con los cuadros que la sala del museo exponía mensualmente en honor a su majestad. Todas sus pinturas estaban de alguna manera relacionadas con la princesa, era su musa inspiradora, su ser era un tema habitual, los grandes jardines del reino y las montañas y lagos eran el fondo de aquellos cuadros que eran pintados con la excelencia de los grandes maestros. También su música, armoniosa y delicada salían de su corazón. Cada vez que pulsaba las cuerdas de su violín una romántica nota podía oírse que se fusionaba con el aire creando una atmósfera llena de dulzura. Toda su creatividad fluía a través de los sentimientos que tenía por la princesa.

Se acercaba la fecha en la cual el museo abriría sus puertas únicamente para la visita de la familia real. Estaba excitado, sabía que el momento por fin había llegado después de tanto tiempo. Estaba preparando una obra de arte la cual pretendía exhibir el día que el rey visite el museo. Se trataba nada más y nada menos que un retrato de ella, de su amor. Había trabajado incansablemente día y noche pintando aquella pintura, todo su corazón iba puesto en él. Las velas se consumían por las noches y eran reemplazadas por la luz del día, no tenía descanso ya que por momentos no dormía. En su mente no afloraba otra idea que tener listo el retrato, que sea perfecto. Las cerdas de los pinceles se caían como las hojas de los árboles e inmediatamente un nuevo pincel comenzaba a trazar el rostro de su amada. Finalmente luego de un arduo trabajo pudo terminarlo. Llego el gran día y la familia real en compañía de su escolta arribó al museo. Cuadros de que retrataban imágenes de distintas expresiones artísticas adornaban la sala, esculturas que hacen honor a personajes importantes de la historia, piedras preciosas que encandilan con su belleza adornaban las salas del museo. El pintor estaba al lado de su obra como un centinela, sus manos temblorosas y el sudor que caía por su frente hacían visible su nerviosismo. Finalmente el rey y la reina se detuvieron frente al retrato y quedaron maravillados. Las felicitaciones hicieron que se sonrojara, estaba alegre pero deseaba que la princesa sea espectadora de aquel cuadro que inmortalizaba su belleza. De pronto hizo su aparición pero la fortuna no jugo a su favor, ella estaba acompañada por quien seria su esposo. Quedó deslumbrada con el retrato, resaltó las cualidades del pintor por haber realizado aquel impresionante trabajo a tal punto que pidió que hiciera un cuadro en su honor y a la de su futuro esposo. Todo su mundo se derrumbó, estaba tieso, no tenía reacción. Al cerrar el museo volvió a su casa con un andar errante, un andar que denotaba claramente lo que pasaba en su interior.

Al caer la noche una vez que había llegado a su hogar estalló en llanto y en un brote de frustración destruyó alguna de sus obras. Su corazón se había destruido en miles de fragmentos, como el espejo al tocar el suelo. Se dirigió a una taberna y comenzó a beber alcohol. Pensaba para si mismo que jamás volvería a sentir aquello por nadie, pensaba que el amor le fue arrancado súbitamente y arrojado en las profundidades vastas de los océanos de fuego. Ya casi sin reflejo alguno cayo de su taburete y una empleada lo ayudó a levantarse. Unos forasteros comenzaron a reírse de él y la empleada salió en su defensa. Aquellos sujetos no toleraron los improperios que recibieron y se pusieron de pie con el único fin de hacer que aquella insolente mujer pagara por lo que había dicho. El aire se volvió hostil, y muchos en calidad de espectadores no hicieron más que balbucear algunas palabras y permanecer inmóviles. Él, como todo caballero, se puso frente a ella y acudió en su defensa. No era ducho en las artes del combate, el manejo de las espadas le era desconocido. Pero pese a su desventaja se batió con aquellos sujetos. La derrota fue algo anunciado antes que la contienda se inicie. Recibió un golpe en la cabeza y cayó inconsciente, luego de eso los tres sujetos se fueron y la empleada junto al dueño de la taberna llevaron al pintor a descansar. Cuando se despertó vio el rostro de aquella mujer que había defendido, vio como unas lágrimas de alegría brotaban de los ojos y como el rocío que cae de los árboles en primavera golpeaba su rostro. Ella agradeció el valiente gesto tomando sus manos junto a las suyas. El pintor no dejaba de contemplar su mirada, había en esos ojos color miel un encanto que jamás había visto en su vida. Su corazón palpitaba con fuerza, parecía que el universo había abierto una nueva puerta brindándole una segunda oportunidad. El tocó su rostro con sus manos y su piel era delicada, una sensación hermosa recorrió todo su cuerpo. Luego de mirarse unos segundos sus labios se rozaron el uno con el otro. Un nuevo amor había nacido la misma noche donde el creyó que todo había terminado.

Se abrazaron bajo la mirada de la luna que se dejaba ver a través de la ventana, testigo del nacimiento de un nuevo amor.


Autor: Dardo Noguera. Para comunicarte con él, podes hacerlo escribiéndole a rsbrianjones@hotmail.com

 

#Resonancias

“La escritura: la escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida.” – Marguerite Duras

Hay momentos para escuchar, leer y empaparnos de nuestros manantiales de creatividad. Momentos para aprender de otros y con otros. Pero también hay instantes donde somos protagonistas. Somos los artesanos de las palabras, y dejamos que ellas, todas ellas, se apoderen de nosotros y viajen del lápiz al papel.

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CUANDO CIERRO LOS OJOS

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Cuando cierro los ojos,

Me atrevo a imaginar lo que el temor le esconde a la vigilia,

Vuelo tan lejos que nadie puede alcanzarme,

Mis sentimientos más velados se escapan estrepitosamente a rienda suelta.

Me pierdo,

Me encuentro,

Me desconozco,

Me redescubro,

Torbellino punzante de emociones bajo mis silenciosos párpados.

No me despierten.

Quiero seguir perdida.

Que mis pensamientos se limpien.

Mi mente repose,

Para poder enfrentarme con la realidad imperfecta, solitaria, y falsamente amable.

Maldita realidad,

Siempre jugándome malas pasadas.

Voy a hacerte creer que nos volvemos a reconciliar,

Prometo sonreírte, maquillarte y tratarte como si fueras mi fiel deseo.

Pero a condición de escaparme al refugio que encuentro, en la oscuridad de mi engañoso sueño.


Autora: Gisele Longhi

Para comunicarte con ella, podes hacerlo a través del email: giselepatagonia83@Gmail.com