¿Por qué debemos escribir?

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¿Por qué debemos escribir?

Dice Julia Cameron que:

“Debemos escribir porque es propio de la naturaleza humana. Escribir nos convierte en dueños de nuestro mundo: lo hace directa y específicamente nuestro… Debemos escribir porque es bueno para el alma, porque escribir nos permite ir creando una obra, un sendero alfombrado a través del mundo que que vivimos.”

Yo digo que escribir no es para cualquiera. Escribir es para los valientes que se animan a gritar con un lápiz y un papel todo lo que el cuerpo tiene atrapado (y que necesita decir).

Yo digo que escribir es para los corajudos, que rompen estereotipos del “que dirán” y se animan a encontrarse con emociones profundas.

Escribir es para quienes tienen la osadía de atravesar relatos de dolor y darle un nuevo sentido (o inventarse una nueva historia o muchas historias!)

Escribir para honrar nuestras multihistorias.

Parafraseando a Clarise, escribir como si fuéramos a salvar la vida de alguien, quizás nuestra propia vida.


Patricia Fagundez
PSICÓLOGA
crisalidapsicoterapias@gmail.com

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#Inspiración: El pozo (por Maga Beijaflor)

#INSPIRACIÓN.

Leer. Leer y nutrirse de otros escritores.

Leer como si fuese lo único para hacer en esta vida.

Zambullirse en las palabras de otros

y encontrar en ellos nuestra propia escritura.

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Acuarela de Maga Beijaflor

“Baja, metete ahí donde nadie más te puede tocar.
Espia la noche y el día por ese retazo de cielo que queda sobre tu cabeza cuando te hundís en el pozo.
Acordate del mate, de las ventanas que dan al universo, del amor aunque dure un instante, permitite toda la humedad humana que transpira en tus huesos.
Sos tan joven como lo decidas esta tarde, sos la niñez eterna que no deja de brillar ni siquiera cuando elegís enterrarte.
¿Vas a dejar que toda la gracia de la experiencia humana, se quede vegetando dentro de una mala idea?.
¿Quién te lastimó tanto para que elijas abandonar el escenario de tu propia obra?. Los disfraces son divertidos, pero no te olvides de que son solo disfraces. La verdad verdadera es tu desnudez, eso que arremete en vos desde las tripas.
¿Te hierven las venas?, ¿quisiste conquistar el mundo pero ya tenía dueño?, ¿estas apurando tu proceso de lágrimas, porque te da vergüenza llorar frente a tu propia presencia?.
El hueco de siempre necesita un poco de orden, quizá unos cuadros coloridos, algunas maderas de palo santo que ayuden a purgar los malos pensamientos.
¿De qué hablo?, vos lo sabes bien, hablo de tu manía melancólica de esconderte de la tormenta. ¿Pero sabes qué?, la tormenta te persigue hasta el interior del pozo, y vos te podes impulsar con los pies, igual que desde el fondo de la pileta.
Podes nadar hacia la superficie impulsándote con la sinergia de la laguna que armaron tus viejos pensamientos. No te preocupes, eso que fuiste será un recuerdo cuando vuelvas a surgir del pozo. Son tus deseos, esos que te cuestionan siempre, los que funcionan como un trampolín de colores para que te eleves.
Viví en el pozo si lo deseas, pero deja entrar la luz, deja que la belleza quiebre la tierra y agrande la boca de salida, déjate elevar por tu necesidad de vida.
No necesitas probar nada a nadie, no hay que cumplir las reglas tontas, es tiempo de abrir la boca para tragar los rayos del sol. ¿Te dolieron las espinas ajenas?, ¿vos también desarrollaste cuchillos en la piel?, es maravilloso que así sea, significa que sentís como sienten los humanos.
Ahora podes cerrar los ojos y dejar la cabeza en blanco. Esa es tu nueva página para pintar. El pozo fue tu tele transportador, pero llegó la hora de ofrecer una amorosa despedida. Porque cuando te eleves y salgas del hueco, el nuevo mundo volverá a sorprenderte como en la niñez.
Otra vez en la superficie, el viejo pozo será cubierto de agua, arena, tierra, piedras, raíces, semillas, crisálidas antiguas. La tierra que te enchastro la superficie humana de tu planeta, ahora se lava con la lluvia que inventaste para cicatrizar.
Te voy a contar un secreto, pero prométeme que lo vas a cuidar para siempre.
El pozo por el que te volves a reinventar, es un canal a la nueva dimensión. Por eso cuando estés fuera, acércate al hoyo y tira ahí todos los pedazos de piel muerta. Cuando ese agujero se recicle a sí mismo, transformará eso que te dolió en las cristalinas escamas de tus nuevas alas”, me dijo la mujer de alas verdes.


Escritora invitada: Maga Beijaflor, periodista.

Podés seguir leyendo a Maga en: http://entierranatal.blogspot.com.ar/

Tiempos de silencio y tiempos de palabras

“Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras.”

(William Shakespeare)
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Hay tiempo para hablar y tiempo para callar.
Hay tiempo para soltar palabras, y hay tiempo para reflexionar y guardar silencio.
Muchas veces confundimos estar en silencio como signo de debilidad. Sin embargo, grandes cosas pueden surgir de un momento de silencio.
En la historia cristiana se relata que cuando todo estaba vacío, en absoluto silencio y en medio de ese gran abismo, Dios creo el mundo.
¿Acaso no te ha sucedido que hay días en las que necesitas encerrarte en una habitación o alejarte a un lugar desierto, estar en calma, quizás con una música suave de fondo para poder aclarar pensamientos?
En este mundo hay tiempo para pedir, hablar, gritar, pero también hay tiempo para estar en silencio y escuchar. Escuchar qué tiene el universo para darnos, escuchar lo más profundo de nuestro corazón, encontrarnos con nuestro Yo interior y clarificar metas y sueños.
Sólo así, podremos ser libres a través de la palabra. Porque a fin de cuentas, somos palabra.

Tener Amigos (o algunas palabras a propósito del día de la Amistad)

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¿Qué hubiera sido de los viajes de el Principito sin el encuentro con el Zorro?

Hace un tiempito, mientras cubría unas suplencias laborales en una escuela, pude observar a niños jugar. Y es curioso y sorprendente saber que…todxs necesitamos amigxs!!

Todxs queremos pertenecer, sentirnos miembrxs de algún equipo y sobre todo, tener amigxs. Ese grupo de pares, con quien compartir una merienda, una ronda, un juego a las escondidas, un intercambio de cartas ayudándonos a completar el álbum. Ese grupo o esa única persona en el mundo con quien sentarnos en silencio y dejar que el silencio se llene experiencias compartidas.

Seguramente, si cierran conmigo los ojos, enseguida se nos viene la imágen de una persona a la que llamamos Amigx.

Y si me pongo a pensar, no hay una sola definición de amigxs o amistad.

Con la vida aprendí a sentirlxs familia. A disfrutar una mesa de domingo al mediodía rodeada de seres con quienes no necesariamente nos unía la sangre.

Aprendí que la amistad rompe distancias. Aprendí que la amistad no conoce de fronteras, razas, color de piel o idioma.

Aprendí que la amistad se trata de risas y también de lágrimas.

Aprendí que muchas veces se trata de cometer errores, pedir perdón y sobre todo, perdonar.

Abrazar. Acompañar. Resonar con el sentir del/ de la otrx.

Recuerdo y comparto un fragmento de un libro que me acompaño en mi infancia:

“Un joven dijo: Háblanos de la Amistad.

Y él respondió:

Vuestro amigo es la respuesta a vuestras necesidades.

El es el campo que plantáis con amor y cosecháis con agradecimiento.

-Y él es vuestra mesa y vuestro hogar.

Porque vosotros, vais hacia él con vuestro hambre y lo buscáis con sed de paz.

Cuando vuestro amigo os hable francamente, no temáis vuestro propio “no”, ni detengáis el “sí”.

Y cuando él esté callado, que no cese vuestro corazón de oír su corazón; porque, sin palabras, en amistad, todos los pensamientos, todos los deseos, todas las esperanzas nacen y se comparten en espontánea alegría.

Cuando os separéis de un amigo, no sufráis; porque lo que más amáis en él se aclarará en su ausencia, como la montaña es más clara desde el llano para el montañés.

Y no permitáis más propósito en la amistad que el ahondamiento del espíritu.

Porque el amor que no busca más que la aclaración de su propio misterio, no es amor sino una red lanzada; y solamente lo inútil es cogido.

Y haced que lo mejor de vosotros sea para vuestro amigo. Si él ha de conocer el menguante de vuestra marea, que conozca también su creciente.

Porque ¿qué amigo es el que buscaréis para matar las horas?

Buscadlo siempre para vivir las horas.

Porque él está para llenar vuestra necesidad, no vuestro vacío.

Y en la dulzura de la amistad, dejad que haya risas y placeres compartidos.

Porque en el rocío de las cosas pequeñas el corazón encuentra su mañana y se refresca.”  (El Profeta – Kahlil Gibran Kahlil)

Vivir las horas. Compartirlas. Pertenecer y ser parte. Abrazar al prójimo dando lo mejor de nosotrxs, y dispuestxs a recibir.

“No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo”

(Antoine De Saint-Exupéry en El Principito)

 

 

#Inspiración: PALABRAS + ACCIÓN

#INSPIRACIÓN.

Leer. Leer y nutrirse de otros escritores.

Leer como si fuese lo único para hacer en esta vida.

Zambullirse en las palabras de otros

y encontrar en ellos nuestra propia escritura.

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Nuestra sociedad está basada en el lenguaje, en gran medida en palabras. Estas son importantes porque encierran significado y tienen mucho poder, tanto para sanar, como para destruir. Una palabra dicha en el momento adecuado puede cambiar el mundo de una persona, y dicha a destiempo puede carecer de valor.

Honramos y denigramos con las palabras, a veces las tenemos en alta estima y nos cuidamos al hablar, a veces ni siquiera reparamos en lo que decimos, ni a quién se las decimos. A veces hablamos mucho, y otras poco.

Se nos ha enseñado que las palabras son importantes… pero muchas veces han perdido su significado. Cuando solo nos dedicamos a hablar, sin reparar en lo que decimos, empezamos a prometer y no a cumplir.

Las palabras se las lleva el viento, dicen…

Es importante comprender que las palabras tienen un gran poder liberador cuando resultan precursoras de las acciones que evocan. Las palabras tienen magia cuando se cumple lo que se promete, cuando concreta lo que planea, cuando respeta lo que dice… cuando se es coherente con el verdadero sentido de lo que se expresa.

Desde el trabajo terapéutico se le da un valor importantísimo al sentido consciente e inconsciente de la palabra. Es en la tarea de reflexionar junto al paciente, sobre sus significados para cada persona, que esas palabras buscan ser sostenidas por acciones nacidas de la comprensión de la historia que cada uno lleva en su interior. Somos lo que decimos que hacemos pero, ¿hacemos lo que decimos?


Escritor invitado: Lic. Manuel Sotelo, psicólogo clínico.

Contacto:más_terapias@hotmail.com /Teléfono: 15-6483-7938

#INSPIRACIÓN: Nuestras capacidades como salvavidas

#INSPIRACIÓN.

Leer. Leer y nutrirse de otros escritores.

Leer como si fuese lo único para hacer en esta vida.

Zambullirse en las palabras de otros

y encontrar en ellos nuestra propia escritura.

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Cuando me preguntan por qué escribo se me ocurren muchos motivos, sin embargo me quedo reflexionando siempre en el “para que” y así surge en mí la idea de escribir para no perderme.

Me imaginé en los momentos en los que toqué fondo y la escritura me salvó. Tal vez en esos momentos la usé como un salvavidas. Pero también me di cuenta que escribo para no perder los gratos momentos de placer y alegría, por si algún día llego a olvidarlos y la amnesia de la rutina me los borre.

También escribo para ayudar y para que otros sepan que la vida es el mar en calma, quietud pero también marea alta y baja. Tal vez a través de la escritura me escribo, voy redactando cada parte de mi vida y así me encuentro en otras historias, en otras vidas. En un mal momento, en una caída, en una perdida uno descubre el enorme potencial que tiene y solo sale a la luz  para vernos en el espejo del otro.

Cuando escribo siento que salgo de la cárcel de mi mente y no tengo limites. Se desarrolla mucha capacidad de escucha al escribir, porque inevitablemente terminamos escuchándonos. Y los miedos, las ideas fijas, las frases típicas de “no sirvo”, “no puedo”, “no es el momento”, “tengo que esperar” se hacen trizas al deslizar los dedos sobre el teclado. Es como si fuera que el yo verdadero toma control de todo y en la escritura se muestra tal cual es.

Imagino que cualquier persona que haga caso a su niño, niña interior podría retomar sus sueños, sus metas, su creatividad al escribir, bailar, pintar, tocar un instrumento, dibujar, hacer teatro, en fin ser irremediablemente lo que vino a ser en este mundo. Pero ahí afuera están los enemigos al acecho,  la sociedad, la rutina, el trabajo estable, la comodidad, la zona de confort, el cumplir horas, el casarse, el mandato familiar, en fin todo lo que nos hace creer que ya resolvimos la vida. Y en realidad la vida no se resuelve, se vive, se experimenta, se goza, se sufre, se aprende constantemente.

Pero si usamos nuestras habilidades, capacidades y potencialidades como salvavidas cuando el mar de la vida se vuelve tumultuoso, con el viento en contra estaremos un poco más a salvo y veremos un mar en calma en el futuro.


Escritora invitada: Mabel Padilla, escritora, Educadora para la salud e Investigadora.

Contacto: https://www.facebook.com/EspacioSaludableEDUC/

Hechos de historias

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Apalabrados. Atravesados por el lenguaje.

Incluso desde antes de nacer estamos inmersos de palabra.

Somos seres narrativos.

“Los científicos dicen que estamos hechos de átomos pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias.” (Eduardo Galeano, escritor uruguayo)

Personas ricas en experiencia vivida. En muchas experiencias. Tantas, que somos conscientes de sólo una porción pequeña de ellas. Algunos relatos toman una posición dominante en nuestras vidas, mientras que otros sólo forman parte del paisaje. Esos aspectos que quedan por fuera de nuestro relato “principal”, allá en el fondo, olvidados quizás, están llenos de riqueza.

Aun así, hay historias que cobran más fuerza que otras. Nuestras creencias y pensamientos acerca de nosotros y del mundo se rigen por esos relatos dominantes.

A lo largo de nuestra vida escuchamos historias sobre nosotros mismos (y sobre otras personas) que internalizamos. Es así como nos apropiamos de ellos y pasan a darle sentido a nuestra vida.

Escuchamos a las personas decir de sí mismos o de otras personas: “María es melancólica”, “Juan es un tonto”, “José es pobre, “Ana es mala madre”, “Roberto es alcohólico”, etc.

Repetimos esas historias una vez, y otra vez y otra vez. Las arraigamos  a tal punto que se convierten en convicciones y paradigmas de nuestro vivir.

Esos relatos que de algún modo los hacemos más presentes, los traemos a modo de figura dejando otros en el fondo, de paisaje.

Como dentro de un bosque inmenso, nos quedamos mirando sólo al Sicomoro que crece y crece, y no vemos otros árboles, no escuchamos los pájaros ni los sonidos de la naturaleza.

Ante esta amenaza de quedar fijados en una sola parte del paisaje, aparece la buena noticia de que hay modos de girar la vista y zambullirnos en otras postales.

¿Cuál es el peligro de quedarnos con una sola historia sobre una persona? ¿Cuáles son los efectos de las historias que contamos sobre nosotros mismos o sobre otras personas? ¿Cuál es el poder de los relatos y la influencia que ejercen sobre nosotros?

Lo interesante de ser un sujeto narrativo es esa facultad que tenemos de armar una historia nueva. Podemos volver sobre esos relatos, inspeccionarlos, revisarlos, volverlos a escribir.

Dar vuelta nuestra propia historia y encaminarla en otra dirección.

En un marco seguro, en un territorio de confianza, podemos volver sobre esas historias que duelen, sobre esos relatos que nos lastimaron y que aún hacen arder las heridas.

Y no sólo volver para repetirlos contándolos una y otra vez.

Volver para reescribirlos. Rehistorizarlos. Volverlos a narrar.

Crear un nuevo sentido al curso de nuestra vida.

¿Cuál es mi historia? ¿Cuál es el relato que elijo para mi vida?

 

 


Para seguir reflexionando:

A partir del video de Chimamanda Adichie (escritora nigeriana):

  • ¿Cuáles son los efectos de las historias únicas en los individuos?
  • ¿Cual es el poder de influencia que tienen las historias?
  • ¿Qué múltiples historias me podría estar perdiendo?