¿Por qué debemos escribir?

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¿Por qué debemos escribir?

Dice Julia Cameron que:

“Debemos escribir porque es propio de la naturaleza humana. Escribir nos convierte en dueños de nuestro mundo: lo hace directa y específicamente nuestro… Debemos escribir porque es bueno para el alma, porque escribir nos permite ir creando una obra, un sendero alfombrado a través del mundo que que vivimos.”

Yo digo que escribir no es para cualquiera. Escribir es para los valientes que se animan a gritar con un lápiz y un papel todo lo que el cuerpo tiene atrapado (y que necesita decir).

Yo digo que escribir es para los corajudos, que rompen estereotipos del “que dirán” y se animan a encontrarse con emociones profundas.

Escribir es para quienes tienen la osadía de atravesar relatos de dolor y darle un nuevo sentido (o inventarse una nueva historia o muchas historias!)

Escribir para honrar nuestras multihistorias.

Parafraseando a Clarise, escribir como si fuéramos a salvar la vida de alguien, quizás nuestra propia vida.


Patricia Fagundez
PSICÓLOGA
crisalidapsicoterapias@gmail.com

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Tiempos de silencio y tiempos de palabras

“Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras.”

(William Shakespeare)
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Hay tiempo para hablar y tiempo para callar.
Hay tiempo para soltar palabras, y hay tiempo para reflexionar y guardar silencio.
Muchas veces confundimos estar en silencio como signo de debilidad. Sin embargo, grandes cosas pueden surgir de un momento de silencio.
En la historia cristiana se relata que cuando todo estaba vacío, en absoluto silencio y en medio de ese gran abismo, Dios creo el mundo.
¿Acaso no te ha sucedido que hay días en las que necesitas encerrarte en una habitación o alejarte a un lugar desierto, estar en calma, quizás con una música suave de fondo para poder aclarar pensamientos?
En este mundo hay tiempo para pedir, hablar, gritar, pero también hay tiempo para estar en silencio y escuchar. Escuchar qué tiene el universo para darnos, escuchar lo más profundo de nuestro corazón, encontrarnos con nuestro Yo interior y clarificar metas y sueños.
Sólo así, podremos ser libres a través de la palabra. Porque a fin de cuentas, somos palabra.

De gigantes por derribar…

“Todas las cosas son imposibles, mientras lo parecen.” 

(Concepción Arenal, escritora española)

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Los miedos son los fantasmas mentales que todos, de una u otra manera, tenemos que enfrentar y derrotar.

Sin embargo somos nosotros los arquitectos de estos muros que levantamos y los que nos impulsamos hacia ese límite tan marcado y doloroso.

¿Por qué no nos hacemos cargo de esa pasión por crear y nos autoboicoteamos para no avanzar?

¿Por qué somos tan cuidadosos en regar y alimentar esos miedos hasta hacerlos crecer de manera tan insanamente saludables?

Quizás la causa y razón de esta creación sea que necesitamos enfrentarnos a nuestro reflejo más oscuro, a nuestra cara de la luna oculta, y así probar(nos) de lo que somos capaces si logramos derribar a estos gigantes que salieron libremente de nuestro interior.

Los sueños, esas imágenes de nuestro inconsciente, está muy bien que nos alivie las tensiones y los miedos mientras dormimos. Pero al despertar debemos abrir los ojos y ser conscientes de que tenemos la oportunidad de llevar a cabo esa realidad soñada.

¿En qué momento la creatividad nos acompaña, se nos hace cuerpo?

¿Cuáles fueron los momentos en que sentiste que eras parte de la creación de tu imaginación más aguda y verdadera?

¿Cuáles fueron tus motivos, tu zanahoria que seguir, tu horizonte por alcanzar, tu cielo que tocar?

Necesitamos medir nuestras fuerzas, nuestra confianza, nuestra valentía. ¿Lo necesitamos?

Nadie más que nosotros puede saber hasta dónde somos capaces de llegar por un sueño, por un deseo, por una necesidad de alcanzar los objetivos que nos planteamos.

Es posible que en algún momento nos dejemos vencer ante aquello que nos parece imposible, pero debemos saber que mientras tengamos una oportunidad y lo intentemos, el triunfo estará de nuestro lado.

Debemos conectar con nuestro fuego interno, con nuestra naturaleza de superarnos, de despertar cada día siendo un David con un Goliat por vencer y derribar.