Duelo y Escritura: Tejiendo historias

Escribir sobre una situación dolorosa, trae alivio. Incluso, estudios realizados por Pennebaker (profesor en el Departamento de Psicología en la Universidad de Austin, Texas y autor de varios libros, incluyendo Opening Up y Writing to Heal) han demostrado los efectos directos de la escritura en la salud de las personas.

“La escritura enfocada a corto plazo puede tener un efecto beneficioso en todo el mundo desde aquellos lidiando con enfermedades terminales, víctimas de crímenes violentos hasta estudiantes universitarios enfrentándose a la transición de los primeros años.” (Fuente)

“Cuando a la gente se le da la oportunidad de escribir sobre sus conmociones emocionales, frecuentemente experimentan una mejora en su salud”-  dice Pennebaker. 

Dentro de las investigaciones sobre escritura terapéutica, la situación traumática que las personas necesitan poner por escrito, la mayor de las veces está atravesada por la muerte. Muchos son los escritores que han optado por hacer el duelo a través de sus obras, y en ocasiones, han pasado a ser una joya literaria.

Sabemos que la muerte forma parte de la vida. Sin embargo, cuando llega, aparece como algo sin sentido. Ante esta situación y el dolor como consecuencia, debemos ir tejiendo poco a poco una historia que le de sentido a lo sucedido, que nos permita poner en un nuevo lugar a esa persona.

No hace falta ser un escritor para tejer ese relato que nos ayude a rearmar el vacío de la pérdida.

Duelo y Escritura

Paso a contarte la historia de Maria Elena, quien fue participante de una situación experimental (1) y tomada como un “caso paradigmático” por su experiencia particular.

María Elena pierde a su hermano en forma abrupta, por un aneurisma cerebral, diez años antes de tener la experiencia de la escritura de un Cuento Terapéutico. Si bien realiza en el pasado un abordaje terapéutico, es con ésta experiencia de escritura que va a poder sanar dicha historia de dolor.

La joven, fue parte de un proceso experimental junto con 39 personas más. Dicha situación experimental dividió al grupo de personas en tres grupos. Un Grupo Control que mantuvo una escritura neutra, un Grupo Experimental 1 que escribió cuentos con final “triste” o negativo, y un tercer grupo, Grupo Experimental 2, que escribió cuentos con final “feliz” o positivo. En este último grupo, se encontraba María Elena.

Este estudio tenía como objetivo indagar los efectos terapéuticos del cuento con final positivo en sujetos que atravesaron situaciones traumáticas.

Ya te conté sobre el Cuento Terapéutico (si querés recordar de qué se trata, hacé clic acá). La consigna del mismo es escribir un cuento a partir de una situación traumática vivida con un final positivo.

La historia de María Elena sale a la luz, cuando al finalizar la escritura de su cuento, se acerca a quienes dirigían el estudio solicitando una copia de su cuento: “Necesito reescribirlo, me hizo tan bien…”

De los resultados del estudio, se observó que María Elena mejora notablemente su bienestar psicológico a partir de la escritura de su cuento terapéutico (esta mejora se pueden ver a partir de los resultados que se midieron con el BIESP).

Mejora su bienestar físico, así como también hay mejoría en sus dolencias (tos, dolores de cabeza, estomacales, insomnio). A partir de esta experiencia María Elena demostró ser una persona más saludable, no sólo en los datos recogidos en la aplicaciones de los test, sino porque decidió hacer publica su historia.

Aquí comparto el párrafo final del cuento de María Elena:

“Y porque si él que era tan chico pudo dejar tanto en ellos, cada uno tenía el deber de no abandonarse a sí mismo y a otro, porque aunque sin él físicamente, seguíamos siendo una familia, con el recuerdo y la experiencia de su paso en sus vidas. Y ellos lograr salí adelante con Pablo en el corazón. Hoy Pablo tendría 2 años. Catorce vivió con nosotros y hace nueve que vive en nuestros corazones”

No hace falta ser escritor para poder utilizar esta valiosa herramienta. Cualquier persona puede, con sus recursos, encontrar en las palabras el camino para reescribir esos relatos de dolor.

Escribir puede servir como un primer paso en el proceso de hacer algo para sentirte mejor. Escribir por el simple acto de escribir. Escribir para poner en palabras lo no dicho. Escribir para que no quede atrapado en el cuerpo. Escribir para purgar, limpiar. Escribir para encontrar alivio.

¿Querés compartir tu experiencia de escritura? Escribime a: crisalidapsicoterapias@gmail.com

 

Abrazos!

Patri Fagundez

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“Podemos traducir “remember” al español como recordar pues si consultamos el diccionario, “cordada” es el grupo de escaladores de montaña sujetos por una misma cuerda. Entonces podemos decir que re-cordar a la persona querida junto con la relación ya establecida, es volver a anudarla a nuestra cuerda para seguir escalando la montaña de la vida.” (Ángeles Díaz Rubín – Cuqui)


(1) Estudio a cargo de la Dra. Mónica Bruder (Buenos Aires, Argentina).

Podés leer todo el cuento de María Elena y conocer más sobre la Escritura Terapéutica en: Escritura y cuento terapéutico. Enfoque teórico-clínico. (Mónica Bruder, Ediciones Hormé).

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¿Por qué debemos escribir?

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¿Por qué debemos escribir?

Dice Julia Cameron que:

“Debemos escribir porque es propio de la naturaleza humana. Escribir nos convierte en dueños de nuestro mundo: lo hace directa y específicamente nuestro… Debemos escribir porque es bueno para el alma, porque escribir nos permite ir creando una obra, un sendero alfombrado a través del mundo que que vivimos.”

Yo digo que escribir no es para cualquiera. Escribir es para los valientes que se animan a gritar con un lápiz y un papel todo lo que el cuerpo tiene atrapado (y que necesita decir).

Yo digo que escribir es para los corajudos, que rompen estereotipos del “que dirán” y se animan a encontrarse con emociones profundas.

Escribir es para quienes tienen la osadía de atravesar relatos de dolor y darle un nuevo sentido (o inventarse una nueva historia o muchas historias!)

Escribir para honrar nuestras multihistorias.

Parafraseando a Clarise, escribir como si fuéramos a salvar la vida de alguien, quizás nuestra propia vida.


Patricia Fagundez
PSICÓLOGA
crisalidapsicoterapias@gmail.com

Diario íntimo: viaje a nuestro interior

“Si un hombre cualquiera, incluso el más vulgar, narra su propia vida, escribirá una de las más grandes novelas que jamás se hayan escrito” (Giovanni Papini)

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La palabra escrita tiene un poder especial en la sanación que supera a la mera reflexión interna.

En el mundo de nuestros pensamientos nuestro lenguaje es instantáneo, inmediato, espontaneo, a menudo desordenado, no puede tacharse o borrarse, y está lleno de redundancias, ambigüedades y contradicciones. Además de esto corre el riesgo de desestructurase, disgregarse o irse por las ramas. Dentro de él, nuestras reflexiones están sujetas a la rapidez con la que se producen, razón por las que resultan superfluas, incompletas, o erróneas.

Por eso muchas veces nos sentimos enjaulados en nuestro universo mental. No quiere decir que esos monólogos internos no sean necesarios, pero con la escritura ganamos en libertad. Adquirimos una distancia útil que facilita el poder convertirnos en conductores y tomar rienda de nuestros pensamientos. Ser dueños de la situación. Al plasmarlos y materializarlos en un papel, podemos borrarlos, tacharlos, mejorarlos, escribir nuestros pensamientos, y volver sobre lo escrito y reescribirlos.

Escribir nos ayuda a pararnos, detenernos, organizar nuestras ideas, ordenarlas y de ese modo conquistar ese rincón o zona más oscura de nosotros mismos.

Un modo de adquirir el hábito de la escritura y adentrarnos en la escritura terapéutica es a través de los diarios. Esos diarios íntimos que quizás en nuestra infancia o adolescencia tuvimos. ¿Quien dijo que para tener un diario íntimo hay edad o tiempo adecuado?

No se trata de escribir como si fuera una obra literaria. Se trata simple y tan humanamente como escribir. Soltar en palabras todo pensamiento, todo sentir. Llenar la hoja en blanco con todas las palabras que me atraviesan el cuerpo. Escribir. ¡Sí! ¡Escribir! Que la mano se mueva, baile y dance con el lápiz.

Dice el poeta Ángel González:

“Escribir sobre uno mismo es una forma de explicarme, de poner en orden mi mundo, de reconocerme. Si no estuvieses dictado por la intención de hacer literatura, podría decirse que esos textos tan directamente basados en situaciones reales, en datos verdaderos, son el resultado de insólitas sesiones terapéuticas, en las que soy el paciente y el médico en una sola pieza. Y ciertamente, en ocasiones ha resultado ser eficaz alivio de mis males”

Lo único que hace falta para empezar es un cuaderno y una birome, o si se quiere una computadora (en mi caso sugiero la escritura analógica).

El lugar: donde te encuentres. Hay quienes prefieren hacerlo en el rincón más intimo de su hogar, otros al aire libre, en un parque con la compañía de las hojas otoñales que se desprenden de los arboles. Lo importante es buscar un lugar como para hacerlo. Un lugar donde estemos nosotros y la hoja en blanco en plena intimidad.

¿Por qué escribir un diario?

  • Por placer
  • Para ordenar nuestros pensamientos y sentimientos
  • Para conocerme, y reconocerme en lo escritor.
  • Para plantearnos objetivos
  • Para purgar el dolor y la culpa más profunda y que no se nos haga cuerpo (que nos enferma).
  • Liberarnos de aquello que nos desborda: pasiones, fuerzas desenfrenadas, emociones intensas.
  • Darle una nueva narrativa a nuestra historia.

¿Qué otros beneficios encontramos en la escritura diaria?

Los beneficios directos de la escritura son a nivel psíquico y también a físico.

Según investigaciones de James W. Pennebaker, profesor de psicología de la Universidad de Texas, escribir trae beneficios a nivel corporal. Escribir sobre situaciones dolorosas repercute positivamente en nuestra salud física, en nuestro sistema inmunológico y por lo tanto se reducen las visitas a los médicos.

Escribir puede ayudar a reducir la ansiedad y las consecuencias físicas. De este modo podremos sentirnos más capacitados para escuchar los mensajes internos, reforzando nuestra salud no solo mental sino también física. Nuestra salud integral.

Te invito a dedicar quince minutos cada día a la escritura de tu diario y si te animás… ¡a compartir tu experiencia!

#Entrevista con Mónica Bruder: “El cuento es síntesis: es el pasaje de la pesadilla al sueño”.

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La escritura y su implicancia en el bienestar biopsicosocial de los individuos es un campo cada vez más estudiado y difundido dentro de la Psicología y las ciencias afines.

En este caso en particular encontramos una mirada interesante y creativa sobre cómo abordar la escritura terapéutica. Hablamos del Cuento Terapéutico.

Para poder conocer un poco más de qué se trata, estuvimos conversando con la psicóloga Mónica Bruder, quien desarrollo este concepto.

¿Por qué escribir trae beneficios directos en la salud?

La escritura organiza nuestros pensamientos, trabaja sobre ambos hemisferios: derecho e izquierdo permitiendo un aumento en el sistema inmunológico y por ende beneficios directos en la salud: se trata de la escritura de una persona de las situaciones traumáticas a realizarse en forma continua y en un espacio de intimidad (a la manera de un diario íntimo).

¿Qué es Cuento Terapéutico?

Se denomina Cuento terapéutico al cuento escrito por un sujeto a partir de la situación más dolorosa vivida y que concluye con final positivo es decir que el conflicto presentado en el mismo tiene un final resolutivo.

¿Por qué en formato de cuento?

A través del personaje del cuento la persona puede proyectarse en el mismo: el cuento implica un proceso terapéutico que comparte las etapas de todo proceso: introducción (motivo de consulta), nudo (situación de conflicto) desenlace (elaboración).

El cuento es síntesis: es el pasaje de la pesadilla al sueño.

¿Qué hace que escribir un cuento sea terapéutico? ¿Cuáles son sus beneficios?

Al escribir un cuento terapéutico las personas pueden aumentar su bienestar psicológico, su afectividad positiva y disminuir su sintomatología física.

Escribir un cuento con final positivo colabora a que sea terapéutico: la persona vuelve a encontrar su autonomía obturada por la situación traumática y de esta manera volver a encontrar proyectos de vida.

Uno de sus libros se titula “El cuento y los afectos , Los afectos no son cuento”… ¿cómo sería ese encuentro entre cuento y afecto?.

El cuento es afecto ya que a través de su metáfora nos conecta tanto con los afectos positivos como con los afectos negativos, pero, al concluir con final positivo; ello permite el aumento de los primeros sobre los segundos.

¿Quiénes pueden escribir un Cuento Terapéutico?

En general la mayoría de las personas pueden escribir su Cuento terapéutico: para ello es necesario un proceso de simbolización para lograrlo.

Sujetos alexitímicos (dificultad para conectarse con los afectos) y con alto grado de depresión no estarían en condiciones de realizarlo.


Mónica Bruder, de nacionalidad argentina, es Dra. en Psicología. Su formación de base fue en el campo de la enseñanza y de la psicopedagogía (Licenciada en Psicopedagogía y Profesora en Enseñanza Primaria).

Es autora de los libros: El cuento y los afectos: los afectos no son cuento y Escritura y cuento terapéutico: enfoque téorico-clínico. Ha realizado publicaciones nacionales e internacionales sobre la temática del cuento terapéutico.

Contacto: monicabruder@hotmail.com

#Leemos y Reflexionamos. La Metamorfosis.

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ALERTA SPOILER

El siguiente post contiene comentarios

que develan parte de la trama de libros.

En los siguientes párrafos se hará referencia a uno de los escritores más destacados del siglo XX: Franz Kafka.

A este escritor checo le interesaba el acto de escribir en sí mismo, más allá de su difusión y el alcance público que pudiera tener. De hecho, en vida, se preocupó muy poco por la publicación de sus obras y las mismas las conocemos gracias a su amigo Max Brod, quien lejos de hacerle caso de que quemara sus escritos, los publicó.

Kafka vivió distintas situaciones en su vida que dieron como fruto muchas de sus obras.

La Metamorfosis, un título que no es en vano y habla por sí mismo del concepto mismo de transformación profunda, no simplemente de un mero cambio, puesto que refiere a una de sus obras más emblemáticas y reconocidas, es el resultado de vivencias internas de su vida que supo plasmar con maestría entre sus páginas. Con esto se quiere decir que esta obra en particular, no pudo haber sido escrita por ninguna otra persona (en tiempos y espacios) que no haya sido su propio autor.

Cada acontecimiento de su vida, ya sea familiar, social y personal que lo rodeó y lo tuvo como protagonista, fue el desencadenante de una escritura que tenía que romper la celda de su interior para gritar en forma de palabras impresas, sus propias sensaciones.

Es quizás, una “metamorfosis” obligada y posiblemente no del todo consciente de las implicancias de semejante trabajo elaborativo para poder sobrevivir a las obligaciones que lo estaban transformando en alguien-algo muy lejano a quien era él en realidad.

Su dolor, su incomodidad, su reclusión para cumplir con cierto rol social de supervivencia, en este caso los horarios obligados para realizar una labor en una oficina que no era de su agrado y que sentía lo despedazaba cada mañana, lo estaban llevando a dejar de lado su rol de escritor, lo que en definitiva lo hacía ser quien era.

En agosto de 1912 Kafka conoce a Felice Baer, con quien mantendría una relación epistolar y quien fuera quizás su musa inspiradora. Dos días después de conocerla, escribió de un impulso y una sola vez su relato La Condena. Refiriéndose a esa noche, Kafka diría que “se abrió la herida por primera vez”. El relato parecía haber surgido de lo más profundo de su ser y nunca antes había experimentado el fenómeno de la inspiración de forma tan marcada. Inspiración que buscaría repetir en sus próximos escritos. Cuatro meses después, a sus 29 años, escribiría La Metamorfosis.

La Metamorfosis

La vida laboral de Kafka era agobiante, casi no dormía y dedicaba madrugadas enteras a la escritura. Por la mañana temprano se dedicaba al trabajo en una compañía de seguros.

El domingo 5 de noviembre de 1912, agobiado por tantas horas de dedicación a la escritura (en ese tiempo ya había comenzado su novela América), y con la obligación de levantarse temprano el lunes para cumplir sus tareas laborales, Kafka es asaltado por la historia de Gregorio Samsa, un viajante que se despierta convertido en un monstruoso insecto. La historia que se aprecia en La metamorfosis fue ideada acostado en su cama, en un estado de agitación y angustia. Kafka fue invadido totalmente por la historia de su personaje principal, Gregorio Samsa. Siendo un escritor poco aficionado a publicar, en este caso se dedicó a elegir una editorial responsable y hasta eligió la tapa de su libro pidiendo que no aparecieran ilustraciones de insectos.

Del padre, las manzanas y un final resolutivo.

A lo largo de la obra podría observarse una clara identificación del escritor con ese personaje tan particular. De hecho, en Kafka, la identificación con un insecto repugnante, monstruoso y atemorizador pareciera que ya era algo que estaba en potencia. En la carta que escribió a su padre en 1919, el escritor expresa cómo se sentía despreciado, casi como un parásito.

Si se tiene en cuenta su vivencia y como él se sentía en esa relación con su padre, se podría afirmar que la identificación con un insecto está lejos de tratarse de un truco literario, sino más bien fue el modo en que el escritor encontró de plasmar su malestar. De un modo fantaseado, es quizás un claro ejemplo de una escritura donde se puede observar el trabajo elaborativo.

La figura de su padre influyó mucho en su vida y eso se ve plasmado en esta obra. Un padre riguroso, caprichoso y autoritario. Franz Kafka creció en un hogar donde este hombre ejercía un poder absolutista, y una madre sensible, pero distante y poco amorosa. Podría decirse que en sus escritos literarios se observa esa necesidad urgente de liberarse de esa insoportable, quizás, realidad.

En La metamorfosis, hay un episodio donde podría considerarse que los personajes se acercarían a esta realidad. Gregorio Samsa, ya convertido en insecto se escapa de su habitación. Su padre lo va a buscar, al parecer, con la imagen de que éste había agredido a algún miembro de la familia.

“Para Gregorio estaba claro que el padre había interpretado mal la excesivamente breve explicación de su hermana y que suponía que Gregorio había cometido algún acto brutal. Comprendió que antes que nada había que aplacar al padre, porque no había ahora tiempo ni posibilidad para informarle mejor. Así que huyó hacia la puerta de su cuarto y se apretó contra ella, para que el padre desde el vestíbulo pudiera ver que tenía toda la intención de desaparecer. No había necesidad de apremiarle, sólo abrir la puerta.” 

El padre de Gregorio comienza a perseguirlo por la casa. Un padre que al principio del relato se muestra como un hombre cansado, desplazándose despacio con un bastón, ahora en este episodio del relato aparece amenazador.

“Estaba allí, erguido. Llevaba un uniforme azul, bien ajustado y con botones de oro, como suelen llevar los ordenanzas de los bancos […] por debajo de las pobladas cejas brillaban unos ojos negros y penetrantes”.

 El relato continúa con el padre tomando manzanas de un frutero y tirándoselas a Gregorio. Una de ellas se incrusta en su espalda causándole un gran dolor.

“Aquella quedó metida en su carne como vivo recuerdo de lo ocurrido”.

Aparece en escena la madre de Gregorio quien se abalanza sobre el padre rogando por la vida de su hijo.

Acercándose al final del cuento, Gregorio muere:

“Apenas notaba ya la manzana podrida y su entorno inflamado recubierto de polvo pegajoso. Pensó con cariño y emoción en los suyos. Su convicción de que tendría que desaparecer era tanto o más firme que la de la hermana. En este estado de tranquilidad y benéfica relajación permaneció hasta que el reloj de la torre de la iglesia dio las tres de la madrugada. Todavía el lento amanecer detrás de la ventana. Entonces su cabeza cedió del todo y Gregorio exhaló un débil y último suspiro.”

Pero el relato no termina ahí. Hay unas páginas más donde claramente el lector puede observar un cambio en el clima emocional del cuento. Los padres de Gregorio planean un viaje al campo, imaginando un nuevo futuro y perspectivas positivas para sus vidas.

En La Metamorfosis, Kafka encontró en la muerte de Gregorio y en la familia rehaciendo sus vidas un modo resolutivo de tal tragedia.

A partir de situaciones y vivencias, quizás dolorosas y traumáticas, el autor pudo despojarse de las mismas, distanciándose, pudiendo fantasear con personajes, lugares y situaciones.

La metamorfosis no es otra cosa que su propia transformación, una escritura elaborada por la circunstancia, por su propio capullo que no le permitían extender sus alas y en cambio quedarse en ese encierro “anti-natural” o quizás algo peor. Transformarse en ese algo ajeno a él mismo por lo cual no podría reconocerse frente a su propio espejo.

 Metamorfosis y Elaboración.

Dese la psicología analítica de Jung (2013) el concepto de arquetipo o forma arquetipal -en este caso el insecto- es la forma que el inconsciente personal de Kafka tenia para representar su situación y lucha interna, es decir, tomaba del inconsciente colectivo los aspectos asociados a los insectos: criaturas extrañas y ajenas a la humanidad y capaces de cambiar a través de la metamorfosis. Puede tomarse el ejemplo de las mariposas: para la gran mayoría de culturas milenarias, la mariposa representa la metamorfosis. La ciencia contemporánea ha comprobado que es el único ser vivo capaz de modificar totalmente su estructura genética. El ADN de la oruga que se envuelve en la crisálida es diferente al de la mariposa que sale de él. De ahí que este proceso natural se haya convertido en el símbolo del cambio y la transformación.

Algo similar ocurre en la psiquis humana, que intenta por medio de los símbolos elaborar las angustias y necesidades del sujeto y así, dándole forma, poder aprehenderlo y provocar un giro, generar una marca y una posibilidad a dar un nuevo estado.

 

Fuente:

Fagundez, Patricia. (2015) La escritura y su función elaborativa. Tesis de grado. UMSA. Bs.As. Argentina.

Kafka, Franz (2000), La metamorfosis. Editorial Sol 90. Barcelona

 

¿Se puede morir de Escribir?

“Escribir es un acto de supervivencia”(Paul Auster, escritor estadounidense).

Si se hace un recorrido a través de diferentes obras y géneros literarios, autores de distintas épocas y ámbitos sociales, historias de amor, locura y muerte, se pueden encontrar una infinidad de casos, de evidencias, donde la escritura permitió, de algún manera, una reparación simbólica.

Estos escritores consagrados se vieron beneficiados por el oficio desesperado y apasionado de escribir, siendo este un soporte que, quizás, les evitó caer en un caos psíquico. De este beneficio han dado cuenta a través de sus obras, entrevistas e incluso en biografías que otros han escrito sobre ellos.

Tal es el caso de Marguerite Duras (novelista francesa) que, en las primeras páginas de Escribir, expresa: “Escribir es lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. Lo he hecho. La escritura nunca me ha abandonado”.

Cuando en una entrevista se le pregunta al novelista estadounidense John Dos Pasos sobre cuál era el placer específico de escribir, este responde: “Es necesario deshacerse de lo que se ha recogido. Creo que eso es algo que hay que decir acerca de la escritura. Hay una gran sensación de alivio en volumen grueso”.

Se pueden mencionar infinidad de testimonios sobre los beneficios que los escritores mismos encuentran en el acto de escribir.

Se habla aquí no de escritores amateur, sino más bien de escritores consagrados en cuyas obras literarias se podría observar cómo ellos recurrieron al acto de escribir para plasmar su dolor y que de algún modo, a través del relato, a través de la ficción, de los personajes y situaciones pudieron direccionar y encausarse en lo que podría ser una escritura terapéutica.

Hasta aquí, se podría afirmar una de las funciones de la escritura: su función terapéutica. Una escritura que le permite al escribiente tolerar lo intolerable; de algún modo escribir para no morir.

¿Pero, qué sucede cuando escribir aproxima al dolor? ¿Por qué muchas veces al escribir directamente sobre el hecho traumático, aparecen sentimientos de culpa, vergüenza, temor, e incluso, de muerte? ¿Se puede sentir dolor al escribir? ¿Se puede morir de decir? ¿Se puede morir de Escribir?

Este quizás podría ser el caso del escritor italiano Primo Levi cuando un año antes de tomar la decisión de saltar desde un cuarto piso y acabar con su vida, había estado trabajando en la que sería su última obra Gli summergi e gli salvati, donde habló del dolor vivido en los campos de concentración de Auschwitz, de la vergüenza y repulsión que lo seguía y alcanzaba hasta atormentarlo.

¿Qué función tuvo la escritura en Primo Levi?

¿Es el caso de Primo Levi una antítesis a la premisa de que la escritura tiene beneficios directos sobre la salud física y mental?

¿Cuál es la característica de esa escritura que trae alivio, esperanza y dirige al sujeto hacia un bienestar psicológico, alejándolo de las primeras consecuencias del trauma?

Junto a Primo Levi, y siguiendo una linea de reflexión, se hace mención a otra escritora donde sus obras parecen estar atravesadas por un dolor tan vívido y por eso es menester ubicar la función de la escritura en su vida.

Tal es el caso de la poetiza Alfonsina Storni, quien nació en la ciudad de Lugano, en Suiza. Considerada argentina, se la ubica como la primera mujer de letras respetada y reconocida entre los escritores más consagrados de su tiempo.

A los 24 años escribe su primer libro de poemas La inquietud del rosal. Con respecto a éste confiesa Alfonsina: “Lo escribí para no morir”.

A lo largo de su obra, muchos de los títulos de sus poemas llevan a notar su particular y pesimista visión de la vida. Será quizás ese modo de ver el mundo que la rodea lo que moviliza tal escritura. La misma se podría pensar como atravesada por el dolor, por la tristeza, por la angustia. Sus poemas son bautizados de una manera que deja advertir esta temática que se viene describiendo: Soledad, Agrio está el mundo, Epitafio para mi tumba, Versos a la tristeza de Buenos Aires, La caricia perdida, Dolor.

En 1938 Alfonsina Storni, víctima de una enfermedad terminal, se suicida internándose en el mar. En el recorrido de sus letras ya se puede apreciar el lugar que el mar va a tener en su vida. Es el paisaje desolado por dónde camina y escribe. Es el mismo lugar por donde camina y deja que sus escritos continúen hablando por ella.

Tres días antes de su muerte envía a las redacciones del diario La Nación su poema “Voy a dormir” (1968):

“Dientes de flores, cofia de rocío,

manos de hierbas, tú, nodriza fina,

tenme prestas las sábanas terrosas

y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.

Ponme una lámpara a la cabecera;

una constelación; la que te guste;

todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…

te acuna un pie celeste desde arriba

y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:

si él llama nuevamente por teléfono

le dices que no insista, que he salido”.

Alfonsina Storni se ubica en una lista junto con otros escritores como Virginia Woolf, Alejandra Pizarnik, Horacio Quiroga, quienes terminan sus vidas a través del suicidio. Quizás no hay una relación directa entre el desdichado final y sus escrituras. Incluso se podrían entrever otros motivos por los cuales su destino fue la muerte. El drama social y de sus respectivas historias, podrían enmascarar otros dolores o padecimientos menos grandiosos. Subsiste la duda.

Se repite la pregunta: ¿Cuál es la escritura que trae alivio? ¿Cuales son sus características? ¿Cómo escribir para vivir, sanar, encontrar alivio?

Una respuesta: Escribir con un final positivo. Darle una resolución a la situación dolorosa.

Quizás si en estas escrituras donde la temática del dolor aparece repetidas veces, hubieran dado un giro hacia un final positivo, habrían ubicado al escritor en una nueva posición frente al dolor, una posición quizás reparadora.

A veces, el dolor es el disparador para llenar la hoja en blanco. Y bienvenido dolor! Pero, quedar atrapados en el dolor no es la solución. Quedar estancados, masticando la situación dolorosa nos estanca, nos detiene, inmoviliza.

Escribir a partir del dolor, atravesarlo con los personajes, con los escenarios, fantasear.

Construir, darle una vuelta más, una nueva narrativa, a esa historia, tu historia.

Escribir buscando a través de una resolución simbólica las respuestas necesarias para aceptar lo vivido, superarlo y alcanzar alivio.

Escribir y avanzar.

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El valor de la escritura.

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He aquí uno de los más importantes descubrimientos de la psicología: el poder de la palabra.

A diferencia de los animales que simplemente dejan marcas de sus pasos, el hombre puede volverse sobre ellas, borrarlas y reescribirlas.

Desde los primeros tiempos del ser humano en el planeta, se ha  notado esa necesidad del mismo de dejar huellas en los lugares donde habitaba, en cada objeto que creaba.

Esas huellas se convierten en escritura en tanto llegan a ser leídas con el lenguaje hablado.

El lenguaje distingue a los seres humanos del resto de las especies. Eso nos convierte en seres hablantes atravesados por el lenguaje. Dice Lacan que “La escritura es una traza donde se lee un efecto del lenguaje”.

Y en ese proceso de ir dejando marcas; la palabra encuentra en la escritura la llave (una de las llaves quizás) para encontrar alivio.

Distintas investigaciones han dado cuenta de los beneficios directos de la escritura en la salud física y emocional de las personas. Cuando los sujetos que han sufrido algún hecho traumático, lo ponen en palabras a través de la escritura, mejoran.

El neurólogo y psiquiatra psicoanalista, Boris Cyrulnik afirma que:

“Todas las penas son soportables si las transformamos en un relato. Ante el horror sentimos una doble necesidad: contar o callar. Contar el propio desastre es hacerlo existir en la mente de otro y darse así ilusión de ser comprendido, aceptado a pesar de la herida”. 

Escribir nos conecta con nuestro yo más profundo y se convierte en un ejercicio de autoconocimiento. Al escribir aprendemos a explorarnos, conocernos, comprendernos, aceptarnos.

Un ejercicio interesante para poner en práctica la escritura terapéutica es dedicar quince minutos diarios a la escritura. Por la mañana al comenzar el día, mientras acompaña una taza de café; o a la noche, al finalizar las actividades del día. Quince minutos de escritura. Quince minutos dedicados a llenar una hoja en blanco. Quince minutos de intimidad. Quince minutos para expresar lo que quieras y sientas. No hay reglas gramaticales, ni escritura correcta o incorrecta. Escribir por el simple acto de escribir. Escribir para poner en palabras lo no dicho. Escribir para que no quede atrapado en el cuerpo. Escribir para purgar, limpiar. Escribir para encontrar alivio.

En una entrevista se le pregunta a Jorge Luis Borges por sus insomnios a lo que éste responde que ha sufrido mucho de la ausencia de sueño y que este malestar se puede ver reflejado en uno de sus cuentos. Está haciendo referencia a su reconocido cuento Funes, el memorioso. Continúa respondiendo a la entrevista y agrega:

Ese cuento…voy a contarle un detalle que quizá pueda interesarle. Yo padecía mucho de insomnio. Me acostaba y empezaba a imaginar. Me imaginaba la pieza, los libros en los estantes, los muebles, los patios. El jardín de la quinta de Adrogué…esto era en Adrogué. Imaginaba los eucaliptos, la verja, las diversas casas del pueblo, mi cuerpo tendido en la oscuridad. Y no podía dormir. De allí salió la idea de un individuo que tuviera una memoria infinita, que estuviera abrumado por su memoria, no pudiera olvidarse de nada, y por consiguiente no pudiera dormirse. Pienso en una frase común: “recordarse”, que es porque uno se olvidó de uno mismo y al despertarse se recuerda. Y ahora viene el detalle casi psicoanalítico: cuando yo escribí ese cuento se me acabó el insomnio. Como si hubiera encontrado un símbolo adecuado para el insomnio y me liberara de él mediante ese cuento.

Desde este espacio te alentamos a escribir y que nos cuentes tu experiencia!

Fuentes:

Bruder, M (2000). El cuento y los afectos. Los afectos no son cuento. Galerna. Buenos Aires, Argentina.

Cyrulnik, B.(2012), La maravilla del dolor. El sentido de la resiliencia. Buenos           Aires: Garnica.